La eutanasia en debate

por Giuliana Caccia

A propósito de que hoy el Defensor del Pueblo peruano, Walter Gutiérrez, sustentará la acción de amparo a favor de Ana Estrada Ugarte para que pueda acceder al suicidio asistido que está contemplado como delito en el marco legal en el Perú, el debate sobre la eutanasia se ha puesto nuevamente sobre la mesa. Esto, sumado a la reciente aprobación del aborto libre en Argentina, hace que el tema de la dignidad humana y el derecho a la vida deba ser debatido con seriedad y profundidad en nuestro país.

Debemos tener claro que la situación que vive Ana Estrada, al igual que la de muchas otras personas que se encuentran en el mismo trance, es muy triste y dolorosa. Y nadie debe juzgar lo que ellos pueden estar sintiendo o deseando. Sin embargo, cuando hablamos de políticas públicas se debe despersonalizar el tema ya que no se puede legislar teniendo como sustento los sentimientos personales. Recordemos que la obligación del Estado es promover el bien común, aquello que es bueno para la sociedad y, a la vez, atender subsidiariamente las necesidades de  personas que por algún motivo no pueden satisfacerlas.

Desafortunadamente, esta no es la forma de pensar ni de actuar de lobbies y de ciertos organismos que para conseguir sus objetivos políticos y mercantiles toman casos como el mencionado para convertirlos en emblemáticos y así legitimar su postura y avanzar en sus agendas. Se explota el aspecto sentimental, ya que legal, científica o éticamente saben que sus posturas son dificilmente sustentables. Pero todo se vale para dinamizar un negocio millonario a escala mundial.

En este contexto, también es importante destacar la narrativa que se viene difundiendo alrededor de estas prácticas y que pretende legitimarlas relativizando la vida humana y la dignidad de la persona. Como en todo lo que tiene que ver con la agenda ideológica que trae la cultura de la muerte, se manipula el lenguaje para vender como bueno algo que no lo es. Y para lograrlo usan palabras talismán que validan conductas poco éticas hasta que dichos términos se logran instalar como lo políticamente correcto. ¿Quién puede estar en contra de una muerte digna? Nadie. Pero para eso primero hay que redefinir lo que es una muerte digna. ¿Alguien en su sano juicio podría negarse a respetar un derecho humano? Nadie. Por eso hay que repetir el mantra de que el aborto es un derecho humano hasta que cale en la cultura. Es una estrategia que ya es conocida y que cada vez se hace más evidente.

Por otro lado, se pretende vender falazmente la bondad de estas intervenciones como algo optativo. Es decir, “si no quieres abortar, no abortes. No es obligatorio”. Eso es una gran mentira puesto que al legalizarse y difundirse culturalmente como una práctica normalizada, e incluso deseable en algunos casos, se terminan generando mecanismos coactivos que afectan a otras personas. Por ejemplo, en Argentina, la nueva ley aprobada a favor del aborto penaliza a los médicos que no quieran colaborar con la ejecución de dicho asesinato, directa o indirectamente, hasta el punto de quitarles las licencias profesionales. Aquí, además de la evidente violación al derecho a la vida del no nacido está la vulneración de otro derecho que es el de la libertad de conciencia. ¿No es ese un actuar totalitario?

Pero tal vez la reflexión más radical que debemos plantearnos ante lo expuesto es: ¿qué podemos esperar de una sociedad en la que si alguien vive o muere está sujeto a la decisión de un grupo de personas? No es problema menor ya que estamos hablando de eliminar nuestro primer derecho inalienable que es propio de nuestra condición humana y, por tanto, no es    una ¨concesión¨ de terceros. Conocemos varios casos en la historia en los que ya alguien decidió quién era digno de existir y quién no, y cómo acabaron estos episodios. Hay que aprender de la historia para no volver a cometer los mismos errores.

Giuliana Caccia (Lima 1975), Comunicadora social por la Universidad de Lima y Master en Matrimonio y Familia por la Universidad de Navarra, es Directora de la Asociación Origen.

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7 Comments

    1. Excelente punto de vista, claro y veraz. Las pro aborto no se dan cuenta que solo deben tener responsabilidad para copular, si la idea es no tener bb’s entonces que usen métodos anticonceptivos que hay muchos y de todo precio y se dejen de asesinar bebitos, así de fácil!
      *Responsabilidad, tener control propio y respeto*.
      RESPETO!

  1. Totalmente de acuerdo. A esta mujer con enfermedad terminal la están utilizando por fines políticos. Se está manipulando a las sociedad para justificar la muerte a voluntad por razones meramente subjetivas. Las leyes no se basan en sentimientos sino en razones objetivas. Estamos siendo gobernados por agentes del marxismo. Sigamos dando batalla en esta guerra cultural.

    1. Esa es la pena Wilson, que finalmente parecería que no se busca el bien de Ana sino usar su caso para tirar agua para su molino. Así suelen actuar los promotores de dichas agendas. ¡Saludos y gracias por comentar!

  2. Si bien el derecho a la vida es una gracia irrenunciable para los que somos cristianos, creo el derecho a no existir en condición terminal asistida también es un derecho. Hay que trabajar en el marco legal para el facultativo y el enfermo.

  3. Si a la vida qieren los miserables ideologizados bastardos, despojarla de todo ropaje de dignidad y ya tienen instalado en la mente de los peruanos la «muerte digna», presentando el caso de la dama paciente a nivel totaĺ a todo el Perú, por los medios de prensa, radio y televísion a la vista de los peruanos sencibles a este caso que segun los bastardos generaliza las razones en modo extendido o total de el «denominado derecho a una muerte digna» para obtener aprobacion de saltarce la constitucion que sanciona la «muerte piadosa» y asi de esa manera abrir la puerta al asesinato intrauterino de los no nacidos, lo que terminaria legalizando el aborto y la eutanacia que seria determinado decidido por segundos o terceros y vilmente enmascarados como derechos humamos, el primero de ellos el denominado «DERECHO DE LA MUJER DE DECIDIR SOBRE SU CUERPO» (¿?) y el segundo como el derecho a una «MUERTE DIGNA», el mas grande de las decisioens criminales ideadas por las CREATURAS DE DIOS CREADOR.

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