La involucración ciudadana en política

El último tiempo ha sido particularmente convulso en la siempre variopinta vida política del Perú. Los eventos de los años pasados —cierre del Congreso, elecciones congresales, vacancias presidenciales, y luego elecciones generales, escándalos de corrupción, el fraude en mesa— han generado un clima de inestabilidad e incertidumbre que tiene en vilo al país entero. Todo ello, quizá como pocas veces en nuestra historia republicana reciente, ha suscitado diversas reacciones por parte de la sociedad civil que, más allá de la valoración que uno les quiera dar, tienen un elemento en común: una mayor involucración de los ciudadanos de a pie en la cosa pública.

Este escenario contrasta con lo usual. Con los riesgos que implica toda generalización, podríamos decir que durante las últimas décadas amplios sectores de la ciudadanía han tenido una escasa —o nula— participación en el devenir político de la nación. Mientras la economía funcionara y el sistema, en su precariedad y disfuncionalidad, permitiese avanzar, los asuntos vinculados al gobierno —local, regional o nacional— han sido un telón de fondo de noticias con poco o ningún impacto en la vida cotidiana de millones de peruanos. Una causa, y consecuencia, de este fenómeno ha sido la consolidación de ese mantra con el que muchos hemos crecido: la política es corrupta y corrompe a quienes participan en ella.

Sobre estas nuevas olas civiles que participan en marchas o son activos hoy en sus redes sociales, caben al menos dos reflexiones. Por un lado, el mayor interés por la política, mostrado por amplios sectores de la población, es claramente un hecho positivo. Y ojalá sirva para que los que enarbolan emocionados la bandera de la defensa democrática integren en su día a día que participar en política es mucho más que hacer política partidaria o postular a un puesto público elegible. En cierta forma, todos en la sociedad hacemos —y debemos hacer— política, cada uno desde el lugar que ocupa en el entramado social y no operar con el supuesto asumido de que la política, como es corrupta o complicada, se debe dejar en manos de otros. Y ello nos lleva a lo segundo. Debemos mirar hacia atrás para entender por qué hemos llegado a donde hemos llegado. ¿Es culpa únicamente de que hay un partido que no nos gusta que llegó a segunda vuelta por la “ignorancia” de un grupo? ¿O no será que la indeseable situación en la que nos encontramos es el resultado, entre otras cosas, de la falta de interés en los temas políticos de esos amplios sectores de la ciudadanía que hoy reclama en las calles? De hecho, la situación en la que nos encontramos evidencia los efectos negativos de pensar que la política puede ir por un canal y, mientras no nos afecte directamente, todo lo demás en la sociedad puede avanzar por otro canal paralelo. ¿Es eso realmente posible sin que se den consecuencias nefastas para la sociedad?

Llegados a este punto, cabe hacernos otra pregunta: ¿por qué surge ahora este interés por participar políticamente? ¿Qué ha sucedido estos últimos meses para suscitar una mayor involucración de la sociedad civil en la política? Una explicación podría encontrarse en el hecho de que esos caminos que venían, mal que bien, avanzando en paralelo, se han intersectado. Lo político y “todo lo demás en la sociedad” de pronto se han encontrado cara a cara en la vida del ciudadano de a pie. ¿Por qué? Porque estamos ad portas de un régimen político que amenaza nuestra forma de vida, nuestras libertades, y nuestra seguridad económica y social. Pero no se puede dejar de integrar el hecho de que, si es que se hubiera evitado ciertos actos concretos en el devenir político del país, nunca hubiéramos estado como estamos hoy. Es decir, si hubiéramos estado más interesados en “los pasos previos” no tendríamos que enfrentar este “resultado” que nos puede costar tanto.

Con lo difícil que es distanciarse mentalmente de la situación actual, es necesario seguir avanzando en el análisis con miras al futuro. Debemos aprender de nuestros errores de omisión para enfrentar el mañana. ¿Qué podemos hacer desde la sociedad civil para que la vida política del país sea más saludable y esté más orientada al bien común de los peruanos? Una respuesta evidente: involucrarnos más, y no solo cuando el “resultado” nos desborde. Y lo mínimo que podemos hacer como ciudadanos responsables es estar bien informados. Si algo ha quedado claro en este tiempo es la gravitación que tienen los medios de comunicación en la construcción y difusión de un mensaje que, muchas veces, sirve a intereses determinados. Estar bien informado es una responsabilidad ineludible de cada uno y esto requiere contrastar fuentes y no recibir el contenido solo de un grupo mediático o ideológico. Esa es la primera línea de defensa en la lucha contra la impunidad y la corrupción: una ciudadanía bien informada.  Junto con ello, si alguno descubre una inclinación a una involucración más activa en política partidaria, es necesario lanzarse. Ni la política es mala siempre ni todos los políticos son corruptos. Pensar así hace que esas posiciones no sean tomadas por gente que puede hacer una contribución importante en vistas el bien de la sociedad. Por otra parte, están las acciones que se pueden tomar de manera colectiva. La situación que vivimos muestra, por su ausencia, la necesidad de asociaciones civiles efectivas y eficientes que defiendan los fundamentos de nuestra sociedad. Su labor fiscalizadora debería ser un saludable correctivo a los excesos y abusos que, hemos visto, se dan en el mundo de la política.

Ojalá que sigamos participando en la vida social y política de nuestro país, y que las marchas y múltiples iniciativas de estas semanas no sean un chispazo encendido por el temor o la indignación. Por ahora, basta esperar para que en un próximo gobierno nuestras libertades no sean mutiladas pues, si algunos pronósticos se cumplen, viviremos en una dictadura donde las acciones de aquellos que queremos ser demócratas y libres implicarán actos heroicos. Aprendamos de nuestros errores y convirtamos el desinterés en un compromiso activo y responsable con el destino de nuestro país.

Foto de Alvaro Palacios on Unsplash

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