Mensaje electoral a la agenda progresista

por Giuliana Caccia

¿Cuáles son los valores principales que profesan la mayoría de los peruanos? ¿Somos una sociedad progresista? ¿Cristiana? ¿Conservadora? ¿Qué nos representa?

Elaboramos una hipótesis de respuesta a estas preguntas a partir de algunos datos. Primero, nos remontamos al 2015, cuando la empresa de estudios de mercado Vox Populi publicó una encuesta titulada “Sobre la Iglesia Católica urbano y rural” que fue realizada a pedido de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. En esta se reveló que el 94% de los peruanos profesaban una religión cristiana (en su gran mayoría católicos o evangélicos). Otro dato importante que presentó dicho estudio fue que para el 89% de los peruanos la familia era el aspecto más importante en sus vidas. El segundo era la salud con un 8%. Así de marcada la diferencia entre el primer y el segundo lugar. Claro, tal vez si hoy elaboráramos la misma encuesta, la salud tendría bastantes puntos más. Pero es un tema, claro está, coyuntural.

Si bien una encuesta puede generar escepticismo entre algunas personas —lo cual es totalmente comprensible, sobre todo con la experiencia que hemos vivido con las encuestas en la reciente campaña electoral— a estos resultados habría que añadir algunos fenómenos de índole más cultural y social que confirmarían los datos arriba expuestos. Por ejemplo, los diversos cultos evangélicos, las multitudinarias manifestaciones religiosas que se ven en distintos puntos del país, dentro de las cuales destaca la procesión del Señor de Los Milagros. Otro ejemplo puede ser la masiva convocatoria en la Marcha por la Vida o en la de Con mis hijos no te metas. O basta revisar algún que otro reporte final de los proyectos promovidos por ONG’s proaborto o progénero cuando en las conclusiones es muy común encontrar frases del tipo: “este proyecto no fue exitoso porque el Perú es un país muy conservador y no está listo para este cambio cultural”.

Ahora bien, a lo ya mencionado se suma un fenómeno sucedido hace pocos días que sepulta cualquier indicio de duda sobre cuáles serían los valores que la gran mayoría de peruanos considera importantes: los resultados electorales. De hecho, esta es tal vez la “encuesta” más elocuente que se puede tener en la actualidad. Basta ver los votos alcanzados por los partidos como el de Verónika Mendoza, Julio Guzmán, George Forsyth, entre otros, para entender que para la mayoría de los peruanos las agendas progresistas no sólo no son un tema prioritario, sino que no comulgan con los valores que vertebran nuestra sociedad.

Ante esto surge una pregunta: si la mayoría de los peruanos no quiere esta agenda, ¿cómo así estamos inundados de género, lenguaje inclusivo, normas lgtbi? Pues porque esta agenda es impulsada por ONG’s que mueven muchísimo dinero y que saben que el camino es su imposición mediante leyes, precisamente porque no encuentran asidero en la realidad ni en la urgencia de un país como el nuestro. Es decir, tienen que abrir paso a su agenda a través de un lobby político que les permita introducir legislaciones favorables a sus intereses. Basta encontrar la ruta con unos pocos congresistas o funcionarios públicos, estratégicamente colocados en puestos clave, algunos casos emblemáticos, el apoyo de medios de comunicación o “influencers” con algunos seguidores de la progresía costeña que repitan la narrativa emotiva, y el menú está servido. A pesar de que, como se ha demostrado una vez más, no sea ni remotamente representativo para la gran mayoría de peruanos.

Nada de lo dicho debe leerse como un cuestionamiento a la necesaria lucha por los derechos de todos los peruanos, incluido el derecho a la no discriminación. Tampoco significa dejar de lado a las minorías vulnerables. Es necesario protegerlas y asistirlas para que gocen de los mismos derechos que todos los demás. Pero eso es muy distinto a utilizarlas como arma política para intereses dirigidos. Ya lo dijo Francisco Tudela en el 2014, en un artículo titulado “La unión civil como ficción jurídica”, cuando escribió que “el respeto a las minorías significa únicamente que ellas deben gozar de las garantías de la ley general como todo el mundo y que el poder político no puede hacer valer excepciones contra ellas, ni privilegiarlas con regímenes discriminatorios contra la mayoría ciudadana”.

Hoy, gracias a los resultados electorales, confirmamos que el Perú no está interesado en priorizar en el debate político temas vinculados con la agenda progresista. Ya lo había demostrado en las últimas elecciones congresales del 2019 cuando las campañas de candidatos proaborto o provida, que usaron el argumento aborto/género – no aborto/no género como principales narrativas de marketing, no surgieron efecto en las urnas. Hoy vuelve a suceder lo mismo. Las prioridades de nuestro país están en otros frentes y muchas de ellas son vitales y de primera necesidad.

Ojalá y no tengamos nuevamente un grupo de congresistas o de funcionarios públicos que olviden que lo que necesita el Perú hoy son medidas eficaces y realistas para hacer frente a la pandemia, alimento, educación y salud en general, y dejen de priorizar leyes como las que venimos viendo en los últimos tres meses en el gobierno de transición. En lugar de salvar vidas se está viendo cómo eliminarlas a través del aborto, por ejemplo. Pero también conocemos cómo trabajan las ONG’s progresistas. Paradójicamente, necesitan “problemas” para justificar su existencia. Pero al menos ya recibieron un mensaje claro en las urnas: no están en sintonía con los intereses de la inmensa mayoría de peruanos.

Lo que viene por delante es incierto en muchos aspectos y nos exige estar vigilantes. En el caso de los congresistas electos —cuyos nombres aún estamos por conocer en su totalidad— esperamos que respondan a la voluntad de quienes los pusieron en el curul, escuchen las necesidades reales de los peruanos y trabajen para verlas resueltas.

Giuliana Caccia (Lima 1975), Comunicadora social por la Universidad de Lima y Master en Matrimonio y Familia por la Universidad de Navarra, es Directora de la Asociación Origen – Vanguardia y cambio cultural.

2 Comments

  1. A partir del 2,000 en la ONU se fijaron los «Objetivos del Milenio» y posteriormente los «Objetivos de Desarrollo Sostenible». La ONU, exige a todas las Naciones que en el 2,030 una serie de objetivos deben estar cumplidos. Dentro de estos está todo lo relacionado con la ideologia de género. UNICEF a diario solicita donaciones y en sus publicaciones de cuentos infantiles , al final de ellos explican el plan referente al género.

    1. Recordar que los llamados «progresistas» dentro de sus estrategias esta tomar y enquistarse no solo en organismos nacionales como los ministerios , sino también, en instituciones internacionales como la ONU y no me sorprendería que se quieran infiltrar en la RAE .

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