La familia es insustituible

por Giuliana Caccia

Si el coronavirus tiene una característica única, que lo hace totalmente distinto a cualquier otra pandemia que haya sucedido en la historia de la humanidad, es que es global. Es decir, afecta al mundo entero. De una manera más cruda: nadie está libre de él. Es un virus democrático que no distingue nacionalidad, color de piel, sexo, nivel social ni religión. Sólo basta que seas persona y ya puedes ser una de sus víctimas.

Debido precisamente a que no hay quien pueda afirmar con certeza que es inmune al coronavirus, es que la llegada y propagación de la pandemia ha suscitado una experiencia que, salvo percibir la cercanía de la muerte mediante algún diagnóstico médico, normalmente no tenemos en lo cotidiano: cuestionar a cada uno en lo más profundo de su existencia y de sus relaciones humanas. La gran mayoría no ha podido escapar de hacer, aunque sea de manera silenciosa e íntima, alguna reflexión sobre cuáles son los valores principales que rigen su vida. Además, han aflorado miedos, temores, alegrías, penas, rabias, preguntas, amores y desamores. De todo un poco. Sin embargo, esta reflexión no se ha quedado únicamente en la esfera personal, sino que ha salido a flote en distintos espacios y plataformas a nivel social.

En este ámbito de reflexión social se ha comenzado a hablar de un tema fundamental que, debido a algunas tendencias culturales cada vez más predominantes, se había dejado de lado: la importancia de la familia y su rol irremplazable en la sociedad. Así como algunos se admiran de cómo la naturaleza ha reaccionado instintivamente ante el retraimiento momentáneo del ser humano, purificándose, otros hemos experimentado la misma admiración al ver como valores como la familia han invadido el discurso público y político con la misma espontaneidad con que los cielos son más azules y las aguas más claras.  Así como decimos que la naturaleza nos quiere decir algo, ¿no podríamos afirmar que también nuestra naturaleza humana nos está mandando alguna señal?

En estos días no tenemos mayor propaganda ideológica ni artificios políticos que “contaminen” nuestra naturaleza relacional primaria. No se habla en lenguaje inclusivo, ni se hace hincapié en la masculinidad tóxica o en la violencia de género. Los discursos son en positivo y tratan de rescatar todo eso bueno que podemos encontrar en el vivir con la familia.  Y así, la realidad –como los delfines en Venecia y las aves en los litorales— se va abriendo paso al no encontrar elementos ideológicos perturbadores. En estos días, el “dato mata al relato” y redescubrimos todo aquello que sabemos por sentido común que es así: la familia es lo más importante.

Y en tiempos de coronavirus lo hemos podido demostrar empíricamente en lo cotidiano sin necesidad de un desarrollo teórico. ¿Cómo podría cualquier Estado del planeta salir adelante en esta crisis sin el apoyo de cada familia? ¿Podría un Estado, por más de primer mundo que sea, hacerlo solo? ¿Puede un Estado suplir, aunque sea un 50% de lo que está haciendo cada familia en estos momentos de crisis pandémica? La respuesta es no.

Hoy la familia se revela nuevamente como el mejor lugar para cuidar a los más vulnerables como son los niños, los ancianos y los enfermos. También se evidencia su rol educador. En tiempos en los que la escuela no puede ejercer su trabajo principal, son los padres quienes hemos tomado las riendas de la educación escolar de nuestros hijos. También la familia tiene un papel en los ámbitos económicos y asistenciales que ningún sistema político puede cubrir en lo inmediato. Esto es, ayudar a los que menos tienen en la familia extendida y suplirles de lo que necesitan para superar esta crisis. Otro aspecto, que tal vez es el más importante de todos, es que la familia es el espacio donde hoy encontramos la contención emocional para enfrentar el estrés y los temores que esta pandemia acarrea en cada uno de nosotros. Finalmente, no podemos dejar de lado el rol que la familia jugará en el futuro inmediato. Y es que ante la crisis económica que enfrentaremos, tal vez la más dura de las últimas décadas, será la familia la que jugará el papel principal como soporte básico para los desempleados y los más vulnerables. El que no tiene hoy una familia fuerte, la está pasando mucho más difícil, y será peor aún si la escasez toca a su puerta. 

El coronavirus, si bien lo sabíamos como un dato general, ha sacado a la luz de manera cruel la realidad de un sistema de salud precario. No hay cómo maquillarlo. Lo mismo sucede con el ámbito educativo: la gran mayoría de escuelas no están listas para enfrentar esta crisis y el atraso en los objetivos de aprendizaje es inminente. En la misma línea, si nos ponemos rigurosos, debemos señalar que el Estado peruano es el segundo país de Iberoamérica que menos ha invertido en los últimos años en políticas públicas que promuevan y fortalezcan a la familia. Sin embargo, si hacemos una comparación entre la rentabilidad de lo gastado en salud, educación y familia, podemos concluir que ésta última no necesita de mayor inversión para ser funcional, no solo a nivel íntimo sino también a nivel social.

Finalmente, luego de concluida la crisis pandémica, sería muy importante realizar una reflexión seria a nivel gobierno sobre la importancia de la familia y el rol que cumple, pensando en generar políticas publicas que la fortalezcan considerando las distintas realidades. Se debe trabajar en generar una legislación que favorezca la estabilidad familiar, el derecho a una vivienda digna, la igualdad de oportunidades entre las familias, el apoyo a la maternidad y el desarrollo de la mujer, entre otros. Para lograrlo se debe fomentar un espíritu político que incorpore explícitamente la perspectiva de familia a nivel transversal en las distintas instituciones públicas, así como en los procesos legislativos. Sin duda, serían acciones cuya bondad no necesita de mayor comprobación. Qué más prueba que lo vivido en estos días de coronavirus.

Giuliana Caccia (Lima 1975), Comunicadora social por la Universidad de Lima y Master en Matrimonio y Familia por la Universidad de Navarra, es Directora de la Asociación Origen.

1 Comment

  1. Me gusta tu publicación y en verdad la familia es lo más importante. Una familia unida sobresalen mejor en estos momentos de coronavirus. Algo que los gobiernos influenciados por ideólogias descuidaron como la base de una nacion y ahora se dan cuenta lo importantes que somos. La familia no sólo es nuestro hogares es también ayudar al más necesitado, aquel que necesita la ayuda , ya sea donando víveres, en los comedores populares y apoyando como cristiano a cada hermano nececitado…

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